Ediciones Imago Mundi https://www.edicionesimagomundi.com Un mundo de libros para el pensamiento crítico Sat, 11 Sep 2021 01:27:25 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://www.edicionesimagomundi.com/wp-content/uploads/2020/12/cropped-11076179_752517254854624_3350313285820957523_n-32x32.jpg Ediciones Imago Mundi https://www.edicionesimagomundi.com 32 32 De la edición con software libre a la edición libre https://www.edicionesimagomundi.com/nika/ Thu, 09 Sep 2021 13:07:53 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=9766

Por Nika Zhenya

Mi blogPublishing is Coding: Change My Mind, empezó hace poco más de dos años con una entrada con el mismo título de este escrito. En su primera oración decía: «Este blog es acerca de “edición libre” pero ¿qué quiere decir eso?». Aunque parezca demasiado pronto para hacer una revisión, las nuevas políticas culturales estatales y una pandemia me llevan de nuevo a la pregunta acerca de las libertades posibles en un contexto de producción editorial.

Entonces, empezaré primero con el contexto del sintagma «edición libre». La carencia de infraestructura para el acceso a bibliografía en mi ciudad natal, Colima, me llevó a la necesidad de digitalizar publicaciones. Entre viajes a Guadalajara o Ciudad de México, junto con otros compañeros de la licenciatura nos dábamos la tarea de fotocopiar tanto material se pudiera para después escanearlo. Lo que en un primer momento fue la búsqueda por satisfacer la necesidad y el deseo de leer poco a poco mutó en un interés por el oficio de la edición.

Los responsables de ello fueron un formato de libro electrónico y el software de lectura disponible que, vaya paradoja, dificultaban la lectura. ¿Cuántas veces has abandonado la lectura de una publicación por un zoom que no se ajusta a tus ojos y un programa que no te deja hacer mucho con el PDF? Cuanto más digitalizábamos para tener un PDF con reconocimiento óptico de caracteres (OCR), más nos percatábamos que, para una lectura tendida en pantalla, este formato y su ecosistema no era el más pertinente.

Los libros electrónicos en PDF permiten tener en digital un facsimilar para consulta o conservación, aunque en ese sentido el formato DjVu sea más conveniente. Pero en nuestro caso necesitábamos un formato que nos permitiera leer en pantalla de manera sencilla, ligera y sin cansancio. Para ello descubrimos que la extracción del OCR nos permitía dar un contenido adaptable al tamaño de la pantalla si lo exportábamos como HTML o EPUB. Para nuestro infortunio, ese cambio de formato requiere de la reedición de cada PDF debido a las inexactitudes del OCR.

Fue así como de la lectura aprendimos a digitalizar y, más adelante, a hacer publicaciones digitales. Este traslado no hubiera sido posible si en el camino no nos hubiéramos encontrado a ScanTailorTesseractSigil y Calibre. ScanTailor nos permitió ahorrar recursos computacionales y prescindir de software propietario para el posprocesamiento de páginas escaneadas. Tesseract satisfizo los mismos rubros pero en relación con el OCR. Sigil nos enseñó que para la producción de publicaciones digitales no era necesario usar productos de Adobe. Por último, Calibre nos mostró la importancia de las bibliotecas digitales y los metadatos. Nuestro asombro de tener software «gratis», ligero y sin necesidad de lidiar con publicidad o con virus se hubiera quedado ahí si en el sitio de ScanTailor no se hiciera énfasis en que este programa no solo es gratuito, sino también libre. En ese momento descubrimos el software libre y después, por medio de Tesseract, el código abierto, y de ahí a Creative Commons y la cultura libre.

Pero ¿qué son el software libre o el código abierto? Personas con vasto camino recorrido en el desarrollo de programas computacionales como Bryan Cantrill admiten las ambigüedades sobre lo que de manera cotidiana y entre ingenieros se dice que es el software. Por otro lado, la milenaria historia de la filosofía nos expone de manera recurrente la falta de consenso en torno a lo que se entiende por libertad. Pero estas dificultades se subsanan un poco al observar que el sintagma «software libre» es la manera en como se hace referencia a un movimiento de hackers y activistas cuya praxis llevaría a lo que hoy en día se conoce como «cultura libre» y, como ya lo has anticipado, a lo que llamo «edición libre».

Este movimiento empezó a mediados de los ochenta cuando las restricciones legales le impidieron a programadores del MIT tener acceso al código fuente de la impresora de su oficina. La próxima vez que batalles con tu impresora, recuerda que esto provocó el surgimiento de un movimiento que se opone al copyright y que hoy en día su software libre está presente en el 96% de todos los servidores, en las 500 computadoras más poderosas y detrás de lo que hace posible tu comunicación en redes sociales o mensajería instantánea.

La oposición al copyright se hizo mediante un artificio legal, que entre las comunidades del software libre se le llama «hackeo de la ley». Con una licencia libre el titular de los derechos de autor permite el uso, estudio, distribución y mejora de su obra sin necesidad de un consentimiento expreso ni de un pago de regalías, pero también sin garantía y con mención expresa de la autoría. De manera formal a estas libertades se les conoce como las cuatro libertades que definen al software libre.

Desde su primera formulación, el software libre se distingue por condicionar el uso de la misma licencia a cualquier programa derivado. Se dice que esto es para evitar coartar las libertades adquiridas sobre el software. No obstante, esta cláusula no fue del agrado de algunos integrantes y pioneros del movimiento. Se argumentaba que esto desincentivaba la adopción del software libre por parte de la industria ya que no permitía tener competitividad a través de la gestión de la propiedad intelectual, lo que ellos denominaron «libertad de empresa».

Por ese desacuerdo, a principios de los noventa la iniciativa del código abierto se bifurcó del movimiento del software libre. A diferencia de las licencias libres, las abiertas no tienen la cláusula «virulenta» —según lo expresan quienes no están de acuerdo con esta condición— que evita reservar las mejoras de un programa. La consecuencia de esta aparente pequeña diferencia es que empresas como Google, Amazon, Facebook, Apple y hasta Microsoft (Gafam) han terminado por apostar por el desarrollo de código abierto. En este modelo de desarrollo por lo general hay una comunidad de base para un programa que estas y otras compañías absorben, mejoran de manera propietaria y redistribuyen para la extracción de plusvalía.

El término «absorción» es para enfatizar que las relaciones entre comunidades y empresas de software por lo general no es equitativa. Por ejemplo, en 2019 Amazon pretendió absorber el trabajo de MongoDB, un proyecto abierto de servidor de base de datos, al presentar DocumentDB, un servicio de este tipo de servidor. Las críticas de la comunidad de MongoDB no se hicieron esperar ya que acusaron a Amazon de tomar su trabajo y de no cooperar para la manutención del proyecto. Para evitar que esto volviera a pasar, MongoDB cambió su modelo de licenciamiento para restringir su uso para servicios en la nube. Sin embargo, esto hizo caso omiso a las cuatro libertades y, con ello, de manera formal MongoDB dejó de considerarse un proyecto de código abierto. El daño colateral de esta decisión fue que MongoDB dejase de ser usado por Amazon y por comunidades o compañías en pos del software libre o del código abierto (FOSS, por su siglas en inglés).

Como puede observarse, el FOSS tiene dimensiones económicas, políticas y sociales que desbordan su definición formal. Por un lado, las cuatro libertades giran en torno al uso del software; es decir, la definición formal del software libre consiste en declarar qué es un software de uso libre, con énfasis en las palabras «de uso». Por el otro, esta libertad en el uso de un objeto no siempre va de la mano con la libertad de los sujetos que lo producen, como el caso de MongoDB, ni de quienes terminan afectados por su empleo.

Sostengo la opinión de que no es coincidencia, aunque tampoco causalidad, que Gafam y más empresas en Silicon Valley o en Shenzhen son las que más generan plusvalía a la par que también son la industria que más usa FOSS. Sin las millones de horas de trabajo donado por parte de comunidades, ¿qué sería de estas compañías? El FOSS les ha permitido disminuir costos y personal, además de maximizar sus ingresos a través de la conversión de productos en servicios.

Hasta aquí podría decirse que estoy cometiendo el error de criticar al software libre por lo que ha sido posible gracias al código abierto. No obstante, la diferencia fundamental entre ambos —a saber, la exención de la cláusula «virulenta»— por lo general se matiza una y otra vez entre las comunidades alrededor del FOSS, hasta el punto que en la práctica pasa por desapercibida… hasta que las trifulcas legales se vislumbran en el horizonte. Debido a esto, me parece que la diferencia entre uno y otro es más perceptible en un contexto jurídico-legislativo o económico, donde las licencias libres o abiertas tienen derechos y obligaciones distintas, que uno histórico, social o político.

Para observar de manera nítida la índole de esta diferencia, quizá sea oportuno un caso donde la matización permite a ciertos actores el uso de FOSS para la restricción de libertades. Este es el caso del Departamento de Defensa de EEUU que en la práctica asiente en la equivalencia del software libre y el código abierto. La conveniencia del FOSS ha permitido que este se use en la maquinaria bélica del ejército estadounidense, como en los drones Predator y Reaper que se han utilizado en operaciones en Afganistán, Iraq, Pakistán, Siria y Yemen.

En estos casos, el seguimiento de los términos de las licencias han permitido que el software libre esté en la base para el manejo a distancia y con tabletas Android de objetos voladores que —en honor a sus nombres— ejercen la función de predadores y de parcas de combatientes, pero también de miles de civiles que por «accidente» han sido bajas colaterales en la guerra contra el terrorismo. ¿Con cuánta convicción se puede decir que en todos los casos o como causa y efecto el uso de software libre traerá consigo la constitución de sociedades libres, como varias personas entusiastas del FOSS argumentan o incluso anticipan a cada instante? Por ello, me parece importante enfatizar que la definición formal del software libre es y solo es la delimitación de los usos posibles de un objeto —el código— y no la constitución de sujetos o comunidades libres, como su manifiesto lo sugiere o este artículo la explicita al indicar:

Capacitando a los alumnos en el uso del software libre, las escuelas dirigirán el futuro de la sociedad hacia la libertad, y ayudarán a los programadores talentosos a dominar el oficio.

Richard Stallman, el fundador más reconocido del movimiento del software libre, pasó por alto que hay currículas escolares para enseñar El arte de la guerra, cuyo campo de dominio no requiere de una apuesta a favor de las sociedades libres.

Antes de ser acusado de haber llevado a cabo una hipérbole o de que mi intención es desechar los logros del software libre, el pasado estudio de caso es para poner sobre la mesa el término «uso». Este ejemplo de uso de FOSS para la restricción de libertades no es el único, también están los casos de uso de código abierto por parte del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EEUU para la detención de niños migrantes; de Kylin, una distribución de GNU/Linux hecha para el ejército y el gobierno de la República Popular China, famosos por la cibervigilancia de sus ciudadanos y el uso sistemático y automatizado de su sistema de créditos sociales; de la transición de la Federación de Rusia a sistemas operativos libres a la par de su conocida política de censura de internet, o de los constantes y más sonados casos de vigilancia por parte de Gafam, que por cumplimiento de la ley una y otra vez dan los datos de sus usuarios a agencias policíacas, sin importar que los afectados sean periodistas, activistas o protestantes en lugar de criminales. De nuevo recordemos, el sistema operativo libre GNU/Linux corre en prácticamente todos los servidores a nivel global, esto incluye los que se emplean para la cibervigilancia, la censura y la guerra.

No es mi intención denostar los esfuerzos de las comunidades que se gestan alrededor del FOSS, como parte de estas comunidades tengo la convicción de las oportunas posibilidades políticas y sociales del uso de software libre. Sin embargo, esta certidumbre viene de la mano de un distanciamiento crítico que me impide obviar o callar que varias de estas posibilidades suponen un uso ético del software que no es obligatorio para darle cumplimiento formal a sus licencias. En este punto tal vez te preguntarás, qué tan compartida es esta preocupación en las comunidades de las que formo parte. Por desgracia la respuesta no es alentadora, ya que cada vez que comparto este desasosiego no escucho voces de apoyo en canales públicos. De hecho, he sido acusado de posicionarme del lado derecho o de carecer de ingenio sobre esta cuestión, sin importar mis más de diez años comprobables de activismo a favor de la cultura libre o mi formación académica en torno a la crítica de la propiedad intelectual que poco a poco me llevó de dos a tres jornadas laborales y a una precarización que en el acontecimiento de una pandemia dio fin a mi carrera como editor.

En las comunidades en las que habito este lado B del software libre por lo general es pasado por alto mediante el argumento de que la tecnología, como un cuchillo, puede ser usado o abusado. A mí me intriga esta manera de darle fin a la cuestión: en lo personal no encuentro un goce en comparar una práctica que amo —sí, aún amo hacer software libre— con un objeto afín a mi voluntad de poder. Me parece que el término «uso» no permite observar que la crítica no es hacia un objeto que se utiliza hasta su abuso ni se dirige al supuesto llamado a su «cancelación». En su lugar, el análisis es en torno al sujeto que se piensa a sí mismo como libre por el empleo de un objeto que lo asocia con uno de los símbolos más antiguos para el ejercicio del poder: ¿qué clase de sujetos o sociedades libres son si su condición de posibilidad es el uso de una hoja afilada?

Las libertades que se pensaron en los ochenta para el software hace varias décadas han mostrado cuán oportuna es su reestructuración. El esfuerzo más notable en este sentido son las licencias que basan sus libertades en los usos justos o buenos del software, como la Licencia Editorial Abierta y Libre (LEAL). Sin embargo, en más de una ocasión no deja de ser arbitrario lo que se entiende por «justicia» o por «bondad». Es decir, en el problema contemporáneo de delimitar los usos libres del software se realiza un traslado hacia sus usos justos o buenos. Pero, de nueva cuenta, esta articulación deja sin disputa el enfoque que privilegia a los objetos y sus usos, antes que los sujetos y la manera en como se organizan para su producción.

Esta manera de ver las cosas y a nosotros entre ellas es una perspectiva recurrente en las industrias tecnológica y editorial. Acorde a los registros públicos de ISBN en México, en 2019 y 2020 hubo una disminución de casi el 20%. Esta caída en los registros comenzó con las nuevas políticas culturales que finiquitaron becas y programas para la publicación con fondos públicos. Tal fue el interés de la industria mexicana del libro en la producción subsidiada e incesante de papel impreso que su venta y distribución, así como la formación de nuevos lectores, quedó desatendida o subordinada a intereses comerciales. Una pandemia vino a hacer patente este descuido. Sin ferias y con una comercialización concentrada en espacios no esenciales, como las librerías, varias editoriales, comenzando por las más pequeñas, se han visto forzadas a cambiar sus actividades o a abaratar sus costos para mantenerse a flote.

Todavía carecemos de perspectiva histórica para reflexionar de manera más objetiva sobre este acontecimiento. No obstante, en los registros públicos de Indautor dicha caída no tiene parangón. Viviana Románal analizar la industria editorial argentina durante el siglo XX, habla de una «fuerte caída» en la producción de libros entre 1976 y 1979 debido a la dictadura. Esta caída es de casi un 25% en tres años. En un futuro próximo será interesante analizar si en ese mismo lapso de tiempo la caída de la industria editorial mexicana por la implementación de nuevas políticas culturales y por una pandemia fue menor o mayor a la sufrida por el sector argentino durante su última dictadura.

En vísperas de un futuro poco alentador para la industria del libro en México y ante las fisuras en la definición formal del software libre, entiendo a la edición libre como una postura crítica y una apuesta política sobre el uso libre de software para la edición de medios. En inglés la palabra «free» cabe entenderse como «gratis» o «libre». Ante esta ambigüedad, la filosofía del software libre indica que debes comprender lo free como libertad de expresión y no como cerveza gratis. Para la edición libre te pido pensar lo libre como libertad social y después como individuo libre.

¿Cómo podría ser la «libertad social» para los gremios de editores? Para ello empezaría por voltear a ver la historia del rol de la prensa para la gestación de la conciencia de clase y la articulación de movimientos obreros o campesinos en América Latina durante el siglo XX. La historia del movimiento del software libre nos permite percibir cómo una definición formal de la libertad mediante la apolitización del término «uso» puede reducir el debate sobre «lo libre» a tecnicismos legales e informáticos que obvian, omiten o agravian algunas libertades o derechos civiles. Como la edición abarca más que el uso de software para la producción de publicaciones, las nociones sobre lo que entendemos por «libertad social» no se restringen al software libre ni exigen una mayor coherencia política a sus movimientos, aunque esto también sea conveniente para sus anhelos de sociedades libres.

El punto de partida en el análisis histórico del uso de la prensa por movimientos sociales en nuestra región no es porque esta sea más importante que otros medios. La posición privilegiada que tiene el libro, hasta el punto de ser el medio más renuente en ir a los sujetos y, en cambio, está a la espera de que ellos acudan a su espacio de dominio —a saber, las librerías y bibliotecas—, forma parte del enfoque que ejerce un mayor énfasis a los objetos y sus usos que a los sujetos y su organización.

En un sentido histórico y actual, las bibliotecas y las personas alrededor de ellas han sido aliadas en las luchas en pos de la libertad de prensa y los derechos civiles. No obstante, en las últimas décadas las políticas culturales del Estado mexicano han ido desarticulando la red de bibliotecas públicas. Este fue el principal motivo que a nosotros nos llevó a la digitalización y la edición con software libre. En ese lapso existen ejemplos notables de revitalización, como el esfuerzo de Daniel Goldin y compañía cuando fue director de la Biblioteca Vasconcelos o del poco conocido caso de la Biblioteca del Viento de Laura Pizano, la cual en un bibliobús recorrió junto con Cyril Demouy diversas comunidades rurales en Colima para el fomento a la lectura. Aunque estas iniciativas hacen patente que aún hay personas en México para las cuales la lectura tiene una función social y política, también ponen de manifiesto los límites de la relación entre las bibliotecas y el Estado. A Daniel Goldin le costó su «renuncia», a Laura Pizano el cese de financiamiento público para el mantenimiento del autobús.

La edición libre la pensé en un primer momento desde mi praxis con la prensa y la lectura, pero no se restringe a publicaciones impresas o libros electrónicos. Cualquier medio que requiera del uso de software para su producción, es un medio que puede ser parte del movimiento de la edición libre. Artistas, músicos, actores, intelectuales, libreros, impresores, distribuidores, productores, promotores, programadores —el software también cabe entenderse como un medio hacedor de objetos y de otros medios— y cualquier persona que aún piensa que los medios son relevantes para la construcción de mejores mundos son bienvenidas a la edición libre.

Cabe decirse que esta solicitud desborda las posibilidades y los alcances de los diferentes tipos de editores. Incluso, puede argumentarse que en la crisis global actual las condiciones materiales para esta clase de organización está lejos de ser posible. En las comunidades en las que transito de manera privada también he sido señalado de utopista e idealista en un mundo donde cada vez más personas consienten y se quedan expectantes de su creciente y concreta distopía. No obstante, fueron las crisis recurrentes en el siglo XX en América Latina las que catalizaron las injusticias sociales en movimientos obreros o campesinos. Entre los obreros de la edición también son recurrentes la precarización de la mano de obra, las extenuantes jornadas laborales y la falta de bienestar que llevaron a quienes nos antecedieron a la organización. Además, es importante notar el papel de la prensa para esta articulación a través de la publicación de periódicos, semanarios, folletos y libros que fueron repartidos entre obreros o que funcionaron como plataformas públicas para hacer escuchar su voz.

Como es de esperarse, esto también atrajo la mirada de entidades estatales, empresarios y latifundistas que no dudaron en usar sus hojas afiladas, su plomo, sus legislaciones y sus medios de comunicación para justificar las masacres que ejecutaron y para legitimar la censura de estas voces. Por suerte, entre las comunidades alrededor del software libre hay personas cuyas capacidades técnicas permiten la constitución de sistemas de comunicación y de difusión que anomizan a sus emisores o que cifran el envío de mensajes. Estas capacidades posibilitan la organización de editores de medios sin recurrir a servicios de Gafam, así como dificulta las capacidades de la cibervigilancia estatal.

Uno de los logros políticos del movimiento del software libre es la constitución de infraestructuras para medios de comunicación autónomos. Con ello hace posible la socialización y la descentralización de los modos de producción de la información en un mundo donde el recurso más valioso ya no es el petróleo, sino los datos. Además, el creciente uso de FOSS por parte de las empresas más rentables y los Estados con mayor injerencia en el ámbito internacional permite otro «hack», aunque no de índole legislativa, sino política. La dependencia a tecnologías libres da una garantía de que su uso difícilmente será desaprobado. No obstante, los constantes esfuerzos por prohibir el cifrado de punta a punta muestran la fragilidad de los usos libres del software si estos dejan de orquestarse en torno a la infraestructura de telecomunicaciones y en cambio se orientan a solo proveer software como servicio.

Las limitaciones expuestas del software de uso libre caben entenderse como desventajas, pero también como áreas de oportunidades. Para ello se requiere de una planificación estratégica y táctica para los modelos de desarrollo de software que no privilegien los usos comerciales sobre los fines políticos. Por ejemplo, sería interesante el siguiente ejercicio mental. Imaginemos que por un «evento» sin precedentes los titulares del software de uso libre un día se levantasen con la voluntad de reavivar el debate sobre la definición formal del software libre y, en su camino, consensúan que el software no puede ser considerado libre si el ejercicio de esta libertad va en contra del mayor beneficio público. Esta postura utilitaria en realidad no es tan desatinada. La definición formal del software libre ya restringe ciertos usos que no favorecen la continuidad de su licenciamiento, ¿por qué no desfavorecer los usos que no den beneficio público en su lugar? Además, la mayoría de estos propietarios asienten en la pragmaticidad del uso de software libre, así que lo más extraño para ellos es el término «utilitarismo» pero no lo que esto implica. El mayor inconveniente es que esta otra manera de formalizar la definición del software libre requiere dejar de ver el uso de un programa de cómputo como la licencia de una obra sujeta a derechos de autor. En su lugar, el uso de software libre se percibiría como un contrato que se delimita por el derecho laboral.

En este experimento mental asimismo permitamos imaginar que este súbito cambio sistemático en la actitud de los productores de software alimenta los ánimos de los productores de otros medios para que opten por infraestructuras autónomas y comunitarias para la difusión y la organización de su producción. En semejantes eventos sin precedentes, ¿cuáles serían las consecuencias que este efecto de red tendría sobre una población global que consume contenidos, los servicios propietarios de Gafam y compañía que se dedican a la minería de datos, y la infraestructura pública gestionadas por los Estados que favorecen la extracción de plusvalía y la cibervigilancia?

Para terminar, otros retos adicionales son organizativos y pedagógicos. Entre las redes de comunidades en pos del software y la cultura libres habemos muchos obreros que percibimos sus capacidades para la organización política. No obstante, este entusiasmo pronto muestra que aún tenemos un largo camino por recorrer para que esta voluntad se transforme en conciencia de clase. Entre una currícula escolar que no se planeó para fomentar la organización política y en su lugar apostó por la dependencia de las comunidades hacia las autoridades, y en un contexto de precariedad laboral que se alimenta del ensueño sobre el éxito individual, tal vez es momento de aceptar que nuestra generación con probabilidad no es la indicada para ser la protagonista de esta historia. Pero esto no quiere decir que carezca de una posición clave. Las personas que nacimos antes o durante el surgimiento del uso masivo de software contamos con una perspectiva que puede aportar al florecimiento de la conciencia y la praxis necesarias para afrontar las crisis políticas, económicas y del medio ambiente del presente y del futuro.

El aprendizaje del uso de tecnologías libres permite tener un enfoque más amplio y profundo sobre cómo la infraestructura pública de telecomunicaciones y la economía de mercado se está orientando a un mayor control y vigilancia mediante grandes inversiones para su desarrollo tecnológico. El reto es que la mayoría del material pedagógico disponible para esta enseñanza no es accesible para el grado de literacidad de muchas de las personas que no estudiamos de manera escolarizada esta clase de tecnologías. Ahí hay un amplio nicho donde la edición libre puede producir distintos medios para fomentar estos aprendizajes. Sin embargo, el paso de la edición con software libre a la edición libre está todavía en un punto crítico y prematuro de gestación. El software ya está liberado, pero aún falta la liberación del hardware y de nuestras conciencias para que esto permeé en la organización de los modos de producción y en la constitución de las subjetividades. La edición libre es una idea para la praxis en espera de su adopción por parte de comunidades. Nosotros aún estamos aprendiendo a ser editores libres, ¿nos acompañas?

 


Nika Zhenya es Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de México. Forma parte de Programando LIBREros, una unidad de obreros de la cultura que se dedica a la producción de proyectos editoriales hechos con software libre o de código abierto, al desarrollo de tecnologías libres para la edición y a la elaboración de propuestas jurídicas a favor del software, la cultura y la edición libres. Para mayores datos pueden contactarlo en hi@programando.li

]]>
Coco Blaustein. Preservar el patrimonio cinematográfico argentino https://www.edicionesimagomundi.com/cocoblaustein/ Thu, 26 Aug 2021 01:19:47 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=9685

Por Eugenia Izquierdo y Laura Gómez

 

Este lunes 16 de agosto murió David Blaustein, lo han despedido y homenajeado como un cineasta y un militante, dos categorías y reconocimientos que le corresponden. Ha sido apenas mencionada una tercera dimensión de David: su pertenencia al escaso e imprescindible grupo de directores preocupados y ocupados por la preservación del cine argentino. En su caso, la preocupación superó la declaración de buenas intenciones, en tanto entre el 2001 y 2007 Blaustein se desempeñó al frente del Museo del Cine de la Ciudad de Buenos Aires. Durante su gestión, se empeñó en superar confrontaciones inconducentes, para centrarse en tres ejes que dejaron su marca en el campo: formar profesionales, inscribir a las instituciones argentinas en el campo internacional y dar acceso a las colecciones. Con ese objetivo, apelando a los vínculos entablados durante su exilio en México, convocó al conservador Fernando Osorio Alarcón como conferencista y consultor y organizó junto a la Fundación Cinemateca Argentina el Taller Sobre ruedas FIAF 2004 que dictó Alfonso del Amo en Buenos Aires en junio de ese año. Para garantizar el acceso a las colecciones del Museo, integró las prácticas al programa TIAC y Acceder.

Lúcido y pragmático, durante su gestión se ocupó de la situación de guarda de los diferentes materiales fílmicos, con el asesoramiento de especialistas y en equipo, proyectaron la construcción de cuatro almacenes para positivos y negativos en color y ByN con una capacidad total cercana a los 100 mil rollos de película. Los almacenes serían subterráneos, estarían ubicados en la parcela lindante a la ex sede del Museo [Defensa y San Juan, CABA] y contarían con sistemas de refrigeración y deshumidificación; uno de los almacenes se situaría en condiciones de congelación para acoger a los materiales que hayan sobrepasado el punto autocatalítico de degradación acética. El proyecto del edificio no llegó a concretarse y los programas de acceso remoto no están disponibles.

Además, Blaustein promovió y cultivó «las buenas prácticas»: Alfonso Del Amo destaca en su informe sobre el taller desarrollado en Buenos Aires que David lo recibió en el aeropuerto, señalando además, el «magnífico trato que en todo momento le fue dispensado por los organizadores» rasgo que en el caso de David se extendía al personal del Museo, a los consultantes y a todo quien se acercara con inquietudes o consultas, estos siempre serían objeto de su atención e invitados a participar en la tarea de preservar. Tampoco le escapó a la autocrítica. Osorio Alarcón recuerda una conversación donde Blaustein relata una situación en la que detecta que había “desaparecido” una película donada al Museo, y se cuestiona el no haber atendido las recomendaciones para perseverarla en la producción de un inventario.

Esta condición de rara avis que cultivó David Blaustein, torna aún más necesario reconocer y destacar su esfuerzo y su compromiso; para comprender, aprender y desarrollar la preservación del patrimonio audiovisual argentino.

Ojalá, superado el dolor por su partida, su ejemplo inspire a otros a continuar con la tarea pendiente.

Desde su colección Audiovisual, la editorial le rinde un pequeño homenaje a David «Coco» Blaustein, generoso creador y preservador de nuestro patrimonio fílmico.

]]>
homeoarchy, «esa te la debo» https://www.edicionesimagomundi.com/homeoarchy/ Fri, 05 Feb 2021 14:41:35 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=9252

En un listado de los diferentes momentos que existen durante el proceso de edición de un libro –a mi juicio– la corrección (en todas sus etapas) está entre los más importantes, son muchas las editoriales que pueden mandar a imprimir un libro, incluso son muchas más las que simplemente «ensucian papel», pero realmente son pocas las que editan y publican con extremos cuidados y de manera profesional.

El rubro editorial no escapa de la pelea –paradigma del desarrollo capitalista– por mantener y, en el mejor de las casos, intentar aumentar su tasa de ganancia, la idea de la edición romántica solo vale para quienes editan por hobby (dicho de otra manera, no viven de lo que obtienen como renta por editar), en muchos casos el mantenimiento de esta tasa se obtiene a través de la eliminación de procesos de control, una baja en la calidad de los materiales utilizados y, en el peor de los mundos, mentir, lisa y llanamente, esto es, decir asegurar hacer cosas que en realidad no se hacen.

La corrección es uno de los procesos de edición que viene sufriendo desde hace años una baja en su calidad, ya sea porque se ha perdido la especificidad (correctores preparados especialmente para temas específicos) o porque hay una crisis de mercado en la relación oferta/demanda que permite que correctores con menos experiencia tomen trabajos que requieren de mayor conocimiento, por nombrar las dos más comunes de encontrar.

Ahora bien, existe una linea de trabajo en la cual el desarrollo de métodos y procedimientos están cada vez más ligados al avance tecnológico, el control del homeoarchy (omisión accidental de una línea de texto durante la lectura, debido a similitudes en su contenido inicial) es un ejemplo. En LaTeX se pueden utilizar las macros que desarrolló Raphaël Pinson utilizando el lenguaje Lua, estas hacen los controles para este tipo de errores, todas las opciones disponibles están explicadas en su manual de uso.

\usepackage[hyphenation,
homeoarchy,
homeoarchywordcolor=yellow,
homeoarchycharcolor=orange,
draft]{impnattypo}

Una de las recomendaciones que propongo para solucionar este tipo de inconsistencias es reescribir parte del pasaje en cuestión, asumiendo que es posible hacerlo. Si el pasaje es una cita textual no se debe cambiar ni una una sola palabra. A continuación muestro ejemplos «de la vida real», se pueden observar 3 figuras tomadas de 2 libros editados recientemente, en la primer parte de cada figura están las marcas de color con el error y a continuación el pasaje corregido, preferí no marcar los cambios para que con la lectura los encuentren.

Figura 1

Figura 2

Figura 3

En el ejemplo anterior vemos un detalle que es motivo obligado para otra entrada, se puede observar que aún comenzando de igual manera la primer linea, su final es diferente, esto se debe a que el motor de TeX procesa los cálculos tipográficos con 4 dígitos decimales (0,0001), a diferencia de los programas convencionales que trabajan solo con 2 (0,01), esto da una mayor flexibilidad y precisión en el uso del rango predefinido (dentro de la tipografía) de tolerancia al cálculo tipográfico en la construcción de las lineas y/o párrafos, pudiendo obtenerse situaciones como la mostrada en la figura, donde las alteraciones del kerning de la tipografía y su tratamiento microtipográfico no son perceptibles al ojo humano.

 

]]>
Realizar referencias de trabajos audiovisuales y no perderse en el intento https://www.edicionesimagomundi.com/referenciar-filmes/ Mon, 04 Jan 2021 18:12:44 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=9215

Ya llevo varios libros editados que involucran películas (creo que son más de 12) y en todo este tiempo he estado lidiando con parches y diciéndome que en algún momento voy a tener que parametrizar una salida para las referencias de películas. El momento llegó.

Desde hace bastante tiempo utilizo el estándar desarrollado por Iván Valbusa en la Universidad de Verona, es extremadamente limpio y permite una lectura ágil y sólida, tiene base en el estándar de la Universidad de Harvard y como no tengo ganas de empezar desde cero, considero que lo mejor es hacer el driver para el estándar que ya uso.

Por donde empezar

Lo primero fue estudiar otros estándares que ya tienen soporte para películas, esto me permitió hacer una elección con base comparativa, tome como objeto de estudio APA y FIWI. Lo segundo fue definir el camino a seguir, esto es: 1) desarrollar un driver desde cero; 2) clonar un driver existente y adaptarlo (por ejemplo artículo de revista), opté por tomar el camino más práctico (clonar un driver existente). Expongo de manera muy sencilla las conclusiones de revisar mis objetos de estudio.

Estándar de APA

Como no podía ser de otra manera, el estilo APA es muy generoso a la hora de considerar los elementos que se involucran en una referencia para trabajos audiovisuales, pero tampoco se traiciona, esto es, sigue con sus inconsistencias al tema género y para este tema en particular no privilegia el título de las películas, generando un índice muy malo al momento –me pongo en lector– de hacer un trabajo de investigación con el texto, toda la documentación se puede obtener desde el siguiente link y desde este otro link las muestras de como quedan las listas.

Estándar FIWI (estilo para estudiosos del cine)

Cuando descubrí el trabajo de Simon Spiegel no lo podía creer, tal vez haya otros, pero esta es la primera vez que veo a alguien especializado en un tema hacer un estilo –100% completo– para su tesis doctoral, haciendo foco en las referencias audiovisuales. Incluso consideré tomarlo como estilo propio, pero al estudiarlo en detalle encontré que su diseño está muy lejos de lo que tengo y/o pretendo obtener, por consiguiente el trabajo de adaptación es muy grande, toda la documentación se puede obtener desde el siguiente link.

Como seguir

La primer decisión tomada es la de clonar el driver del tipo misc, para un tipo movie, esto quiere decir que los elementos ya tienen un orden preestablecido y no es necesario hacer el desarrollo, esto se hace con la función alias como se muestra a continuación:

\DeclareBibliographyAlias{movie}{misc}

Luego, tuve que definir las variables para el tipo de entrada, estas van a ser usadas tanto por el driver de mapeo como por el de salida, se pueden agregar más tipos de entradas y el orden de salida se va a ajustar al índice alfabético del tipo de editor, esto es, desde ahí se decide que orden de salida se quiere.

\NewBibliographyString{dirigida}
\NewBibliographyString{dirigidas}
\NewBibliographyString{bydirigida}
\NewBibliographyString{escrita}
\NewBibliographyString{escritas}
\NewBibliographyString{byescrita}
\NewBibliographyString{elenco}
\NewBibliographyString{elencos}
\NewBibliographyString{byelenco}

\DefineBibliographyStrings{spanish}{
dirigida = {direcci\'on},
dirigidas = {direcci\'on},
bydirigida = {direcci\'on de},
escrita = {escrita},
escritas = {escrita},
byescrita = {escrita por},
elenco = {act\'uan:},
elencos = {act\'uan:},
byelenco = {act\'uan:},

Como utilizo JabRef como gestor de la base de datos, lo primero que hice fue crear un tipo de entrada movie, para tenerlo como opción de ABM (alta, baja y modificación) de los datos, el resultado se observa en la figura que sigue.

En la figura a continuación se puede observar como quedan los datos dados de alta.

Dejo la muestra de los datos en la tabla para quienes no usen JabRef

@Movie{Conspiracy2001,
Title = {Conspiracy},
Date = {2001},
Editora = {Frank Pierson},
Editoratype = {dirigida},
Editorb = {Loring Mandel},
Editorbtype = {escrita},
Editorc = {Kenneth Branagh and Stanley Tucci and Colin Firth},
Editorctype = {elenco},
Hyphenation = {english},
Keywords = {filme},
Location = {Estados Unidos},
Organization = {HBO Films and BBC}
}

Utilizo el key filme solo para separar este listado del listado de las referencias bibliográficas, esto se comprende mejor en la figura que muestra la instrucción de impresión de la salida.

Veamos los resultados

A continuación van 3 figuras ilustrativas: en la primera, como queda la llamada a la base de datos dentro del texto (para este caso en particular), en la segunda el resultado en la página y en la tercera el listado final. Vale aclarar que en los parámetros del driver de salida tengo definido un valor = 2 para el número máximo de autores/editores que pueden aparecer en el texto –por eso el sistema coloca un et al.– mientras que utilizo un valor = 99 para el listado general.

]]>
Escribirlo una vez, leerlo en cualquier soporte https://www.edicionesimagomundi.com/escribirlo/ Wed, 30 Dec 2020 13:30:10 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=9208

Desde hace más de un año que vengo siguiendo el proyecto PreText, he realizado algunos ejercicios llegando hasta la edición completa de un libro de complejidad mediana y observo que algunas cosas han mejorado mucho. El lenguaje es básicamente XML, con salida a xHTML, ePub o pdf.

No puedo dejar de destacar la buena predisposición de Rob Beezer, uno de los responsables del proyecto, en responder todas mis consultas.

Pero…

Si bien a madurado mucho, su curva de aprendizaje sigue siendo muy cuesta arriba, el tiempo que hay que dedicarle al aprendizaje esta por encima de la media y para los que vienen del diseño visual es inaccesible, así de simple. Quienes ya trabajan con código o algún lenguaje de marcas algunas cosas resultan cómodas y otras complejas o «toscas»; esto se debe principalmente a que no hay un IDE pensado especialmente para producir con el lenguaje y, pulir una customización del editor vía script lleva mucho tiempo de prueba y error.

He tomado «prestado» algunas ideas –que realmente son muy buenas– para mis prácticas en Org Mode como envoltorio de la salida simultánea a LaTeX y xHTML (léase a ePub).

Probablemente –no lo deseo– el lenguaje nunca pase de un gueto que se compone fundamentalmente de matemáticos, pero esto no opaca la potencia que tiene.

Para hacerse una idea de PreText una buena metáfora es imaginar tener un motor V8 en la carrocería de un Citroen 3CV.

Dejo el link (https://bogart.openmathbooks.org/ctgd/ctgd.html) a uno de los tantos libros que hay en la red editados con este lenguaje, algunas partes de su resultado final son admirables.

]]>
¡Gracias Knuth! https://www.edicionesimagomundi.com/gracias-knuth/ Tue, 29 Dec 2020 16:01:35 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=9187

No conozco personalmente a Donald Ervin Knuth, sé del desarrollo de su trabajo desde hace 30 años y lo utilizo –a diario– en la edición de libros desde hace unos 20, también existen otros aportes (y muchos de ellos son realmente valiosos), pero todo siempre gira en torno al núcleo principal de su desarrollo, por eso siento necesario hacer explícito este agradecimiento en particular.

Knuth es profesor de matemáticas y computación en la Universidad de Stanford, en la actualidad es catedrático emérito. Es considerado uno de los padres fundadores de la informática moderna, e incluso de Internet. Su libro The Art of Computer Programming es una de las más respetadas referencias en el campo de las ciencias de la computación.

En 1977 comenzó a desarrollar el lenguaje TeX en su año sabático, con el apoyo de la Universidad de Stanford y la editorial Addison Wesley; han pasado más de 40 años desde que Knuth comenzó su desarrollo y al día de hoy todavía sigue siendo el más refinado y perfecto sistema de composición tipográfica digital que exista: para explicitar lo obvio, TeX no es un programa de armado de páginas, es un lenguaje de edición y composición tipográfica.

Y no ha dejado de evolucionar desde que se hizo público, gracias a su licencia de software libre. Tiene una amplia y variada comunidad de colaboradores detrás, principalmente formada por universidades (públicas y privadas) e instituciones y muchos particulares teóricos de la edición y la tipografía, TeX no es un simple software: es una disciplina en sí, ya que conlleva la obligación en el día a día –a quien lo utiliza– de sostener un permanente aprendizaje. En su uso no hay espacio para la intuición –donde radica la mayor crítica que recibe– pero de eso se trata, de comprender y saber; por qué y para qué.

TeX se encuentra realmente a años luz de los programas estándares más utilizados en la industria editorial para la composición y edición de libros (me refiero a InDesign y QXPress, por nombrar solo a dos); pero es incorrecto –rozando lo injusto– hacer comparaciones, ya que TeX como lenguaje, es un software que provee las mismas libertades y posibilidades de manipulación de los contenidos que se tienen cuando se trabaja de manera manual, esto significa que el límite para los resultados que se pueden obtener están directamente ligados al conocimiento que se tenga del lenguaje mismo, a diferencia de los programas estándares de la industria, en donde los límites de lo que se puede o no hacer están ligados al grado de evolución que el software posea.

Al día de hoy es posible seguir observando que en la edición de libros el software estándar del mercado está enfocado en la diagramación y el armado, utilizando de manera obligatoria la acción visual. En TeX se piensa y se trabaja desde otra perspectiva –el foco se encuentra en la edición– por eso cuando tratamos de manipular textos para la composición de páginas o incluso la automatización de diversos procesos que incluyan páginas –y un listado bastante largo de posibilidades– los programas convencionales que encontramos en el mercado no pueden ser entendidos como competidores de TeX.

Una conclusión simple

TeX como lenguaje es extremadamente dúctil y potente, se pueden producir todo tipo de libros, desde los más simples hasta los muy complejos y siempre con una esmerada atención por el respeto a las distintas tradiciones editoriales y tipográficas.

]]>
J. Warnock y la historia del PDF https://www.edicionesimagomundi.com/historia-del-pdf/ Mon, 28 Dec 2020 21:47:53 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=9151

El formato PDF, plenamente difundido en el uso informático cotidiano, paso por varias instancias antes de consolidarse, entre las tantas cosas que he leído quisiera compartir estas dos notas.

La primera está en el blog de un ingeniero vinculado a las artes gráficas, hace un revelamiento bastante completo sobre la historia del PDF, pero siempre en términos generales, para leerla este es el link http://rgbcmyk.com.ar/es/historia-de-pdf/.

La segunda es un reportaje a John Warnock (JW), me permito discrepar bastante con los dichos de JW, algunas de sus respuestas esconden la mejor parte de la historia, y otras rozan lisa y llanamente la mentira, fundamentalmente en lo que refiere a la tecnología True Type y al lenguaje MetaFont (él no lo nombra, pero es a lo que refiere cuando lo nombra a Donald Knuth), si quieren leer el reportaje este es el link https://knowledge.wharton.upenn.edu/article/adobe-co-founder-john-warnock-on-the-competitive-advantages-of-aesthetics-and-the-right-technology/

]]>
Ortotipografía de las URL https://www.edicionesimagomundi.com/adverbio-solo-los-pronombres-demostrativos-sin-tilde/ Mon, 28 Dec 2020 03:22:15 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=9118

Desde la aparición de las direcciones electrónicas, su escritura en libros o revistas sobre soporte papel, indistintamente de la parte que se trate, ha sido todo un desafío ya que las mismas tienen su propia regla de corte y no se ajustan a las de ningún idioma en particular.

Legibilidad humana

En la actualidad, para la mayoría de los autores es común escribir haciendo uso de algún programas de computación (sean estos procesadores o editores), ya que permiten en diferentes formas la manipulación de los textos, siendo indistinto del resultado que se busque (e.g. el armado de páginas, la composición tipográfica o simplemente escribir una carta).

La posición de los caracteres %, \, #, -, &, _, ^, . y /, son los sugeridos para realizar los cortes de línea, pero esto no garantiza necesariamente que los espacios entre letras y palabras queden bien.

Algunas editoriales y diseñadores han optado por:

  1. no justificar la linea donde caen las direcciones electrónicas;
  2. tomarse el tedioso trabajo de cortar esas líneas manualmente.

En Ediciones Imago Mundi hemos tomado otro camino, su lectura se va a distinguir tipográficamente del texto principal, para lograr esto se hace uso de una tipografía de espacio fijo, donde el glifo punto [.] y el glifo eme [M], es decir el más angosto y el más ancho del alfabeto están contenidos en una caja que tiene el mismo valor (ancho) de X, véase la figura a continuación para comprender esto mejor.

Cuando nos consultan por esta elección, la respuesta es simple, solo nos ajustamos a la idea de pensar que la lectura de las direcciones para luego ser escritas en un navegador no deben dejar espacio a dudas, ¿es un cero o un letra o?, ¿es una letra ele o una I mayúscula?, y así se podría seguir.

Habilitar los cortes sin límite ni raya corta

Para poder cumplir con estos objetivos, se optó por no tener reglas de corte, esto quiere decir que la URL puede ser cortada en cualquier parte, además de no utilizar la raya de guionizado, salvo que esta forme parte de la dirección, utilizando LaTeX se hicieron los ajustes necesarios en los parámetros que trae el paquete URL, quedando los resultados a la vista en la siguiente figura.

También es posible utilizar la misma fuente tipográfica principal del libro, como se observa en la figura a continuación.

]]>
El adverbio solo y los pronombres demostrativos, sin tilde https://www.edicionesimagomundi.com/adverbio-solo-los-pronombres-demostrativos-sin-tilde-3/ Sun, 27 Dec 2020 16:00:02 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=6628

La palabra solo, tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por tratarse de palabras bisílabas llanas terminadas en vocal o en s, bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n o s.

Aun así, las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= trabaja solamente los domingos], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= trabaja sin compañía los domingos]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso, y aquellos acompaña al sustantivo libros).

Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones. Por eso, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, la de no tildar nunca estas palabras.

Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación.

Fuente: RAE 2016

]]>
Fernández, Diego https://www.edicionesimagomundi.com/fernandez-diego/ Thu, 03 May 2018 22:18:59 +0000 https://www.edicionesimagomundi.com/?p=6782

Investigador (CONICET) en el Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires; y desde hace varios años profesor en esa Casa. Es Doctor en Economía (UBA), y ha publicado numerosos artículos de su especialidad en revistas científicas nacionales e internacionales.

Libros en los que el autor participa

]]>